El Uróboros de Google, o cómo devorarse a sí mismo

La importancia del Uróboros (la serpiente que se come su propia cola) no radica en su antigüedad -más de tres mil años-, la iconografía para la cultura egipcia, su profunda huella en la mitología nórdica, o sus múltiples representaciones populares, sino en todas las formas y colores en las que se manifiesta, y cómo podemos verlo reflejado en nuestra cotidianidad.

La naturaleza cíclica en las cosas es inevitable; todo principio tiene un final, y todo final augura un principio; pero el Uróboros representa además la repercusión de las acciones en el propio infractor, el origen de los propios daños, la consecuencia a la acción.

«El pez por la boca muere», dicen por ahí. «Cría cuervos y te sacarán los ojos», por allá. Y podría apoyarme de cualquiera de estas (y otras) analogías para desarrollar mi punto, pero con las abundantes similitudes relativas a la serpiente tan grande que comienza a devorarse a sí misma -aunque esto no conlleve una frase pegadiza- se representa mejor el caso en cuestión.

Google, el «ancestral» gigante de Internet, con sus 22 años cumplidos, pasa por una terrible etapa; ese momento en la vida en que todo es incomprensión e irritabilidad, cuando el tono de voz cambia y las nuevas dimensiones de las extremidades hacen a todos tropezar continuamente.

Se dice que «el Internet aún está en pañales» debido a las posibilidades que podría ofrecer (aunque nos limitemos a compartir videos de gatitos), y cómo la conectividad debería cambiarnos para siempre e incluso llevarnos a trascender planos*; y si este es el caso, podemos entonces colocar a sus grandes exponentes como Facebook, Google, e incluso Youtube, en la misma canasta.

Pero estos tres, como productos, no tienen el mismo potencial que «EL Internet». Estas son apenas herramientas que nos conceden facilidades para tareas mundanas como socialización y entretenimiento; sería pues, lógico, metaforizarles en una etapa diferente de la vida, dado el nivel de desarrollo actual, con respecto a sus posibilidades…

Puntualmente: la adolescencia.

(*: Léase «La última pregunta«, de Isaac Asimov)

«Según la Agencia Federal de Redes (Bundesnetzagentur), aproximadamente el 30 por ciento del tráfico de datos en Alemania en 2016 fueron imágenes de animales. El 62 por ciento de este tráfico eran fotos de gatos». – Stuttgarter. Pásense por este artículo de Wikipedia sobre «Los gatos e Internet«

 

Habiendo sido los niños prodigio, elogiados a diestra y siniestra, estas «redes» se han inclinado a la intransigencia, a la necedad e irritabilidad. Hoy, los dogmas mediante los que trabajan son herméticos, llenos de favoritismo, avaricia e intolerancia.

Antaño, los buscadores hacían una poca (o nula) diferenciación entre resultados según posicionamiento o popularidad, algo que si bien generaba un espantoso caos en ocasiones, arrojando contenido inapropiado -por decir poco- a niños que simplemente buscaran «Las chicas superpoderosas» o «Harry Potter«, tenía también la virtud de colocar en bandeja de plata discusiones de foros, blogs con reflexiones valiosas, y en general creadores de contenido pequeños, que son quienes atienden casi siempre temas específicos.
El buscador era lo suficientemente inteligente para cooperar, y la mayoría de las veces actuaría simplemente como puente entre el usuario y el sitio en cuestión, y no como juez, mercader y sacerdote al mismo tiempo.

Hoy, Google hace hasta lo imposible para que no encuentres lo que buscas, aunque sepa exactamente lo que es.

Antes de llegar a lo que te interesa debes comerte setecientos anuncios aún teniendo Adblock (he notado que los reduce en un 33% casi todas las ocasiones) porque, aunque no es publicidad directa, el posicionamiento de los sitios es corrupto. Entidades como Mercadolibre, Viva Anuncios, Trivago, Despegar punto com, Trip Advisor, Amazon, y muchos otros, invaden los primeros resultados de búsqueda, como huestes de vendedores de cupcakes en las zonas comerciales de cualquier ciudad.

  • «Hola amigo ¿te interesa viajar a Japón?»
  • «Hola amigo, veo que buscaste ‘por qué no puedo entrar a mi cuenta Netflix’ ¿te interesan tarjetas de Netflix en Walmart? o es más ¿Ya tienes Disney Plus o Amazon Prime? Déjame mostrarte SIETE anuncios sobre eso antes».
  • «Veo que buscaste ‘cómo preparar arroz hervido’ ¿te interesan estas ochenta arroceras en Amazon, Mercadolibre y Ali express? ¿O quizá clases de cocina de veinte locales cerca de ti?».
  • «¿Buscas ‘Dónde ver ese partido’? mira estas opciones de televisión por cable, o artículos en sitios de ‘periodismo’ deportivo que solo buscan jalar clicks con encabezados vergonzosos».
  • «¿Quieres saber ‘por qué me duele el juanete’? Déjame mostrarte sitios de aerolíneas con ese mismo título, para que cuando le des click no tenga absolutamente nada que ver».

En otras palabras:

«Sé que no buscaste esto, pero todas estas empresas pagaron por posicionamiento web, así que salen en primer lugar, y no me importa. Y agradece que tienes Adblock o te pongo TODOS los que sí pagaron, aunque no vengan a cuento».

– Google

¿Qué pasa, Google, ‘tas bien?

 

Ahora hasta los sitios del GOBIERNO te piden desactivar tu Adblock, activar notificaciones y otorgar permisos ¿Por?

El buscador se volvió tan grande, prestigioso y funcional (…) que resultó invadido por todas las empresas maliciosas que aprovecharán cualquier resquicio para anunciar cosas que no necesitas. Y a Google esto parece no preocuparle.

Google jerarquiza a través de un sistema de conveniencia desinteresada. Decide qué es lo que tendrías que ver, sentencia al olvido lo que cree que no, y te mantiene en un círculo vicioso de basura, del cuál cada vez es más difícil salir.

Este comportamiento lo vemos también en empresas como Facebook, Youtube, e incluso otros buscadores.

Facebook se ha monopolizado a través de sitios terribles como «Pictoline», «La guía del barón», «Spidercholo», y otros ladrones que «dan difusión» al material creado por usuarios pequeños (hablando específicamente de memes, porque Facebook no tiene mucho más contenido, pues solo se usa para quejarse y ver lo que hizo la prima Chonita), fomentando que el usuario, en lugar de diversificar, se aferre a los grandes portales y los sesgos arbitrarios (o no) que estos traigan consigo, y no salga nunca de la pequeña caja de cartón, en la que extiende la mano para que le den un chocolate a través de un pequeño agujero.
Esta es probablemente la «red social» menos «social» de todas; todo el mundo tiene contenido privado (no se los vaya a robar el coco), el buscador arroja resultados o de las páginas que sigues o de las porquerías más populares, y todo el mundo se atiene simplemente a lo que publica la gente que conocen, y que, seamos honestos, es muy probable que no valga mucho la pena.

Youtube, haciendo uso de un algoritmo, es capaz de recomendarte el peor contenido que ha visto nunca la humanidad, lavándose las manos como si se tratara de una inteligencia artificial impredecible. Hoy, pasarse por «Tendencias» es no solo darse un baño en los desechos de la sociedad, sino una visita guiada por todo lo que, evidentemente, una cantidad exorbitante de personas va a terminar viendo por mera curiosidad, morbo, o pereza. Y uno, claro, puede ser selectivo, pero ¿y los niños? ¿y las personas mayores? ¿y la gente sin -tanta- educación?
Estás condenando a tus usuarios a ver basura en un ciclo eterno simplemente porque «es lo que otros ven», y lo privas de todo aquello que puede darle más ¿y todo para qué? ¿para tener más minutos vistos? ¿para que vean más anuncios?
¿Por qué si existe tanto material rescatable, te empeñas en recomendar a los Polinesios o Badabun?

Claro, hay que ir a la segura, no pretendo que Youtube dé un salto de fe y recomiende contenido «educativo» que evidentemente ningún niño o adolescente va a ver, pudiendo poner Kimberlys y Polinesios en la portada y llenarse los bolsillos, pero tampoco es aceptable hacer la vista gorda totalmente y -aunque es la mayor parte del problema- «culpar a los padres», porque ellos tampoco tienen idea de qué contenido consumir, porque los intoxicas de igual manera, y así lo hicieron en su infancia otros medios.

No importa cuándo, ahí están.

Mientras unos recomiendan basura que saben que vas a ver, otros te ofrecen paja y/o contenido reciclado. Hoy, el usuario promedio hace un tour de dos o tres sitios en su tiempo online, y ninguno de ellos es capaz de aportarle absolutamente nada nuevo, y cada vez vuelve más difíciles las cosas para quien lo intente.

Llegados a este punto, he de aclarar que mi mayor problema con Google es que ha vuelto casi imposible dar con contenido como el que pueden notar que consumo. Vetan sitios de tecnología porque fomentan que hagas cosas gratis que mejor podrías comprar; retiran los resultados de foros -incluso Reddit– aunque coincidan con tu búsqueda letra por letra, solo porque hay empresas que pagan para hacerte la vida de cuadritos esperando que optes por darles tu dinero; recomiendan grandes empresas o creadores de contenido con buen posicionamiento MUY por encima de canales y/o tutoriales que te ayudarán a solucionar tu problema, haciéndote scrollear por horas, si es que quieres llegar a lo que buscas.

Y por supuesto, relegan los artículos de blogs pequeños, como el presente.
Ahora mismo puedes comprobar que artículos propios como «Cómo descargar de Scribd sin subir archivos» aparecen en los primeros lugares de una búsqueda en Google (es un decir, más bien sería terceros o cuartos), y todo muy bien, gracias, nunca cambien; pero si alguien buscara alguno de mis posts como «Las brechas por anacronismo en la literatura«, podría comprobar que apenas y nos asomamos hasta la tercera página de resultados, aún si la búsqueda se realiza con el título casi exacto.
Claro, en este caso se trata de un artículo de reflexión muy específica, hago algunos para engrosar las visitas y otros «a ver si llega alguien», y aunque los pocos lectores que se pasan por esos posts se notan bastante conformes, son apenas un pequeño porcentaje de los que probablemente busquen un contenido similar, y acaban siendo rechazados por Google.

El posicionamiento de un artículo (y ya no digamos un blog), se alcanza tras un largo y tedioso camino. Blogs como Xataka han logrado llegar a todo su público tras años de perseverancia (y posiblemente también pagos en publicidad, no lo sé), pero si esto hubiera sido diferente, a todos, hoy mismo, nos sería muy difícil dar con valiosos tutoriales para algo relativamente simple como preparar una USB booteable o reparar hardware en lugar de tirarlo a la basura, que es lo que más le conviene a todos, excepto a uno mismo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Otro de los grandes que invaden los primeros resultados es Wikipedia, pero este sitio tiene pase libre por una simple razón: sí es lo que buscamos.

Si buscas «¿Cuándo nació Benito Juárez?»… o bueno, su versión realista: «cuando nasio benito juares», lo primero que verás será un pequeño widget a la derecha con información directa de Wikipedia. Esto es la definición de «fácil y rápido».

Wikipedia es la mayor fuente de información de la historia, y aunque muchas veces se ve saboteada por usuarios, el que sea construida por la comunidad, lo hace (en palabras sarcásticas de Michael Scott), «la más confiable de todas».
El que los maestros tiendan a ridiculizar la plataforma y obliguen a los estudiantes a usar «otras fuentes» es simplemente envidia y rechazo al cambio; ¿por qué entonces no optas por ayudar, en lugar de descalificarla?

¿Necesito fuentes diversas para justificar el día de nacimiento de un personaje histórico?

¿Cuáles son esas «otras fuentes», presumiblemente gratuitas de las que hablas?

Si voy a Google Books y te pongo en la bibliografía lo que sea, te callas, pero mientras las editoriales le publican libros a Mhoni Vidente, Wikipedia tiene una legión de bots y académicos con una rigurosidad sin precedentes, que trabajan para mantener siempre la información más confiable.
Sí, si hace diez años cambiabas (o creabas) un artículo, podía mantenerse así por un par de días; pero hoy, si se te ocurre hacer que Benito Juárez naciera en el 2010 o inventar una parte del cerebro (una anécdota para otra ocasión), ese cambio no va a durar más que algunos minutos.

(Estoy obviando que los ataques masivos de fandoms -y/o imbéciles- son ocasiones extraordinarias).

Un poco más a la derecha están los quejumbrosos, mal-mirando y difamando. ¿Qué haríamos sin ellos?

¿Se imaginan que la funcionalidad de Google se vea reflejada en Wikipedia?

Que busques la fecha de nacimiento de Benito Juárez y antes de dártela, Wikipedia te estampe anuncios de Netflix en la cara, o te haga resolver «una breve encuesta», o te anuncie «Caliente punto mx», Amazon, Ali Express y todo cuanto no necesites.

Por esto y mucho más (sobretodo el hecho de que se mantiene como portal gratuito), esperen muy pronto la «Oda a Wikipedia» en este mismo blog, con throwbacks (¿reminiscencias?) a cuando sí colaboraba (no como ahora, ansori), y un poco antes, cuando hice mi artículo falso. Uf, qué nervios.

 

  • ¿Qué está pasando con Google y los sitios más populares de Internet?
  • ¿No podemos tener cosas buenas?
  • ¿El resultado del libre albedrío es siempre el camino hacia la podredumbre?

Yo qué sé, solo estoy aquí para resolver la simple pregunta

 

¿Y qué hago ahora?

Bing

¿Cómo? ¿A esto llegamos?

Mmm, no, no realmente.

Bing es capaz de satisfacer -casi- todas las búsquedas que hacemos con parche en el ojo. Oculta muchísimo menos contenido de todo tipo, pero también tiene publicidad estúpida y, en ocasiones he notado que incluso raya en la aleatoreidad. Si Google te pone un anuncio de una tienda de autoservicio cuando buscas «Amazon», Bing te arroja el sitio oficial de la UNESCO, dejando toda lógica aparte.

Tiene el plus de ser personalizable, más agradable a la vista, ser propiedad de Microsoft, y contar (Por fin) con las mismas características de Google, como widgets de Wikipedia o el tan práctico anexo de reparto al buscar una película. Sin irnos más lejos, Bing es una opción rescatable; es el segundo buscador más utilizado del mundo con un 20% (contra el 77% de Google), y está literalmente en el punto más alto de su historia. Básicamente por esto lo recomiendo primero, porque ha mostrado adaptarse a más personas.

Es casi tan rápido como su competencia, tiene la misma cantidad de anuncios molestos que eluden Adblock, y tiene muchas opciones de personalización que el resto no; la única diferencia es que funge mucho menos como un juez, al momento de mostrarte las direcciones que buscas. Además aparece en películas de Spiderman e intentó una campaña de publicidad con «Bing it!» (¡Binguéalo!), (sustituyendo la expresión a la que dio origen Google, pero de manera orgánica) ¿No son adorables?

 

DuckDuckGo

¿En serio es para tanto?

A tu consideración.

Este buscador cuenta con un nada despreciable 0.27% de usuarios y es un poco más lento que los más grandes (me refiero a milisegundos), pero si algo lo ha caracterizado estos últimos años es la política de privacidad sin precedentes.

DuckDuckGo usa como bandera «Google te rastrea, nosotros no«, y no es precisamente mentira.
Utiliza parte de los resultados tanto de Google como de Bing, con la única diferencia que no se queda con tu información. Además, los resultados que obtengas a ciertas palabras clave, los obtendrá otro sujeto al otro lado del mundo, sin importar historial de búsqueda, cookies, geo-localización, o preferencias en general.

También tiene publicidad, pero en su caso es una mucho más inteligente, mostrando solo los resultados que tienen que ver directamente con tu búsqueda, y por si fuera poco, estos también se pueden desactivar.

Siempre puedes hacer un super-combo Brave/Adblock/DuckDuckGo, pero no creo que haya tal necesidad, más allá del capricho (comprensible).

Es una opción mucho más obediente e inteligente que el resto, pero la baja popularidad y el hecho de que solo cuenta con 50 empleados (mientras Google oscila entre 75,000), lo hace un buscador apenas en crecimiento, a pesar de su fugaz aparición en una que otra película. (Yesterday, 2019).

Eso sí, si algo me gusta de este buscador es que muestra los logotipos de los sitios justo a un lado del título del post, algo que genuinamente no entiendo por qué no hacen todos; pero claro, es una pequeñez, comparado con las bondades de privacidad que ofrece, aunque a mí eso no me importe en absoluto. Actualmente es mi buscador -secundario- de confianza por su limpieza y libertad, pero algunas ocasiones se rezaga, y sé que el nombre no suele venir a la mente tan rápido.

Créditos al autor del post que señaló el curioso detalle de que Jack Malik usa DuckDuckGo para buscar en Internet.

¿No les encanta buscar una imagen y que se encuentren con su propio blog? Link aquí.

 

Si solo buscas resultados homogéneos sin tanto filtro, ve por Bing.

Si te inclinas por privacidad, publicidad inteligente o nula, y resultados homogéneos, ve por DuckDuckGo.

Pero atención: Si vas a realizar una búsqueda intensiva para desenterrar contenido que apenas recuerdas parcialmente, y dejas tu suerte a la inmensidad del Internet o coincidencia de imágenes, no esperes que estos buscadores tengan anexados los millones de sitios que tiene Google, porque te van quedar mal.

Definitivamente, si fuera Peter Parker buscando respuestas sobre mi pasado y el accidente de mis padres, usaría Google.

 

No existe una competencia; simplemente DuckDuckGo vence a cualquier buscador que le pongas en frente (excepto en cantidad). No tiene publicidad, no jerarquiza, no guarda información, y tiene un bonito pato como logotipo.
Entonces ¿Por qué aún sabiendo esto, casi siempre optamos por Google? Y peor aún ¿Por qué tengo Google predeterminado en todos lados, y no abro DuckDuckGo o -al menos- Bing hasta que me doy cuenta que me están escondiendo resultados de esa búsqueda en particular?
Vamos, hasta colocar los logotipos de los sitios es algo que le reclamo a Google y Bing cada que busco algo y trato de identificar rápidamente mis sitios de confianza.

Supongo que es simplemente sesgo «social». Desafanarse por completo de Google, siendo una opción tan popular es un paso difícil para el internauta promedio.

Usamos Windows aunque existe Linux.*

Seguimos utilizando Chrome aunque tenemos Brave.

Nos aferramos a Google aunque Duck es mejor.

Esa minúscula sensación subconsciente que nos produce Google al ser lo primero que vemos al entrar a Internet, es algo que le llevó muchos años, y llevará mucho más al resto.

Es un fenómeno que aqueja a todos, a unos más y a unos menos. Vemos lo mismo, escuchamos lo mismo, vamos a los mismos lugares con la misma gente, incluso si todo nos dejó de parecer ya.
Seguimos en Google porque:

«Estoy en Internet, porque así se ve Internet… porque así se ha visto desde siempre, para mí«.

Incluso, a pesar de mi despotrique (suficientes anglicismos por hoy) contra las personas que no buscan cosas nuevas, ahora mismo sigo usando el «editor clásico» de WordPress, tras un millón de actualizaciones que mejoran la manera de trabajar, simplemente porque así ha sido el bloggismo para mí, y no vaya a ser que descubra una herramienta que me guste más.

¿Más vale malo por conocido?

*: Nada puede ser mejor que Windows, porque todo está hecho -primero- para Windows; pero como dice Ed, «¿Yo qué sé?«.

 

Tal vez la transición a otros buscadores se acelere en los siguientes años, o tal vez nunca haya tal.

Google se pone el pie a sí mismo y se tropieza frente a nosotros todos los días, pero no parece suficiente para que lo dejemos atrás.

¿Llegará el día en que abandonemos Google tras morderse la cola, al inundarse con publicidad y vender nuestra información? No lo creo. Lo que es un hecho es que las cosas no deben ir viento en popa si todos los demás buscadores están pasando por sus mejores momentos históricos.

Hoy, una de cada cinco personas usa Bing, una quinta parte de una persona, entre cien, opta por DuckDuckGo (Saludos, Exodia), y probablemente en veinte años, con campañas exitosas, inversión multimillonaria y mucho, pero mucho esfuerzo, tendremos una competencia real en un nicho que ahora mismo domina Google sin réplica alguna.

 

El Uróboros de Google, o cómo devorarse a sí mismo

Osman AT.

 

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